MIRAR LOS CIELOS Estos días ha sido noticia el llamativo momento cósmico en el que dos de nuestros planetas del Sistema Solar se han encontrado en puntos de sus órbitas respectivas en los que se aproximaban de forma extraordinaria y se alineaban produciendo una imagen atractiva al observador. Eso era aliñado con la peculiaridad de su escasez de repetición en el tiempo: hacía 800 años que no sucedía, y... ¡nos ha tocado verlo!... Para colmo, se nos ha dicho que ese fenómeno es lo que se entiende en la Biblia como "la estrella de Belén" que guió a los Magos de Oriente para encontrar a Jesús cuando nació, lo cual aumenta exponencialmente la curiosa atención de millones de personas. (No comparto esa afirmación respecto a la estrella de Belén y su papel en el relato bíblico, y la conjunción de estos planetas). Es indudable que son momentos interesantes, llamativos, incluso asombrosos por la grandeza y belleza que entrañan a nivel astronómico. Sin embargo la Palabra de Dios nos da...
Desde la azotea de mi bloque hay vistas muy corrientes, edificios corrientes de un barrio corriente; no es mía particular, pertenece a la comunidad, pero un café en la tarde sienta muy bien allí. Sin embargo, tengo una "azotea" (mi cabeza) que sí es personal e intransferible. Ahí comienza la contemplación y reflexión de unas vistas que superan con creces lo que hay delante de mis ojos... Ahí, con un cafe en una mano y la Biblia en la otra, me elevo en las meditaciones de las Glorias de mi Dios.