"Amad a vuestros enemigos" Esta tremendísima afirmación (e incluso mandamiento) retumba en las cabezas de quienes leen el evangelio y quedan atónitos al pensar en lo estrafalario de su contenido. Jesús presentó unas enseñanzas y mandamientos que chocaban fuertemente contra los conceptos mentales de los hombres, de aquel entonces y de todos los tiempos venideros. Eso de "poner la otra mejilla" forma parte de ese grupo de enseñanzas/mandamientos que comento. Y es muy famoso en la jerga popular. Pero al Señor no sólo hay que oirle y obedecerle, sino oírle bien, para entenderle bien, a fin de obedecerle bien. Amar a un enemigo no significa apoyarle en sus maldades, darle la razón en sus errores, confirmar con nuestro beneplácito sus distorsiones, ayudarle a progresar en su crueldad, colaborar con su difamación, alentarle en la bajeza de sus actos, etc.... Existe a menudo una carga emocional en las conciencias de quienes desean acoger "el bien" en sus entraña...
Desde la azotea de mi bloque hay vistas muy corrientes, edificios corrientes de un barrio corriente; no es mía particular, pertenece a la comunidad, pero un café en la tarde sienta muy bien allí. Sin embargo, tengo una "azotea" (mi cabeza) que sí es personal e intransferible. Ahí comienza la contemplación y reflexión de unas vistas que superan con creces lo que hay delante de mis ojos... Ahí, con un cafe en una mano y la Biblia en la otra, me elevo en las meditaciones de las Glorias de mi Dios.