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Ser... Buena Persona o Persona Buena (10)

SER... ¿Buena persona o persona buena? (-Parte 10-)

Es interesante ver cómo el mismo Jesucristo, a un muchacho que se le acercó para preguntarle sobre qué "cosas debía HACER" para entrar en el Reino de los cielos, al llamarle "Maestro bueno" le paró los pies y le preguntó: "¿Por qué llamas bueno?, sólo hay uno bueno: Dios"

"Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios." (Marcos 10:17-18)

Jesucristo no estaba negando su condición perfecta, lo que estaba era haciendo recapacitar a esa persona sobre:

- El concepto auténtico de bondad
- La exigencia de Dios respecto a la bondad y las buenas obras
- La imposibilidad, por tanto, de lograr la entrada al cielo mediante HACER buenas obras
- La necesidad de SER buenos como Dios demanda y por tanto la necesidad de SER hechos nuevas personas. 
Si tras aclarar esos conceptos, seguía llamándole "bueno", entonces debía reconocer que no sólo era "un maestro bueno"... Sino "El Maestro Bueno, Divino".

Algo muy importante que debemos observar en esto es que Dios no pretende hacer personas "practicantes" de unas leyes o normas disociadas de la esencia de esa persona.
Sino que su objetivo es hacer de cada persona una persona nueva, cuya esencia sea buena.

Por tanto, se hace necesario que sea una persona que vuelva a nacer, que sea creada de nuevo, libre de la esclavitud del mal que domina la carne (esa que comentaba el apóstol Pablo), y que viva la realidad de esa nueva forma de SER, "andando" (lo que significa: viviendo) conforme a la voluntad del que lo renació, y lo recreó:

"para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios" (Colosenses 1:10)

A éstos, Dios les llama buenos, o en boca de Dios mismo: JUSTOS

"Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos". (Mateo 13:49)

Esto es maravilloso. No se trata de que tu amigo te reconozca como una buena persona (que no hay que negar que es una buena señal), sino que Dios mismo, en su perfecto juicio y sabiduría, el cual no puede ser engañado ni puede errar, te reconozca y declare JUSTO, o sea, APROBADO, BUENO. En palabras del Señor: "benditos de mi Padre":

" Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí." (Mateo 25:34-36)

Es interesante observar la respuestas de esos "benditos del Padre", porque parece como si no fuesen conscientes del bien que hicieron; lo cual demuestra que no vivían una vida de reglas y normas que se imponían cumplir, para presentarse justificados ante Dios, sino que simplemente de sus vidas fluían sus obras como una consecuencia natural de su ser, de su nueva naturaleza, una naturaleza liberada del poder del mal y de la esclavitud del pecado.

"Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis." (Mateo 25:37-40).

Muy distinto era el caso de los que estaban en el lado contrario:

"Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna." (Mateo 25:41-46)

Podemos ver cómo la actitud de éstos es la opuesta a los anteriores.

Éstos "hacían" obras como forma de acumular méritos y colocarse ellos mismos el "aprobado", sin embargo sus vidas no estaban alineadas con la realidad del amor ni del bien, de modo que las cosas que hacían no tenían valor alguno (¿de qué sirve ir a iglesias, hacer penitencias, golpearse el pecho, hacer largos rezos, etc… y entre tanto el prójimo es dejado en el abandono y Dios es deshonrado?).

Ese era un problema común en la secta de los fariseos, la disociación entre sus actos y su esencia:

"Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad." (Mateo 23:28)

A Dios no se le puede engañar.

Seguiremos...

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